Delegación fundada el 3 de Abril de 2003

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CRÓNICAS Y LEYENDAS DE CHILE
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TRABAJADORA FALLECIDA REGRESA A SU TRABAJO
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El hospital San José de larga trayectoria en su andar en Chile, ha sido escenario de múltiples fenómenos anómalos que se podrían clasificar -es lo que hacemos en esta oportunidad- como dentro de la parapsicología. Amplio es su historial de este hospital, y en los últimos años investigadores de diferentes corrientes han estado para registrar psicofonías, escenas fantasmales, y cambios de energías en segundo. según el lugar donde se registra en sus habitáculos de años de permanencia en el tiempo.

Esta vez presentaremos a nuestros lectores un suceso que ocurrió dentro del hospital y que fue recogido por quien escribe en forma inédita y sin buscarlo, llegó sólo por derroteros que no tenían nada que ver con el escenario donde se produjo. El confidente fue un cocinero del hospital cuyo nombre lo tenemos completo, pero por permanecer aún activo en su trabajo creemos que es mejor dar sólo sus iniciales que corresponden a M.P.S.M.

Su relato es el siguiente: Durante largo tiempo tuvo en la cocina una ayudante de nombre Elisabeth Soto. El trato era estupendo y era una gran trabajadora, joven, talentosa, y con muchas ganas de aprender. El trato era de buenos compañeros y la dupla era totalmente complementaria. Pero, la chica tuvo un problema de salud grave (leucemia) y no lo pudo superar. Falleció, luego de una penosa lucha por su mejoría que nunca llegó.
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Mi confidente tardo varios meses para su reemplazo y al final tuvo la reemplazante. Una joven ayudante quien comenzó desde un principio su entrenamiento en menesteres típico de la profesión de una cocina de hospital. Al cabo de un tiempo, el jefe cocinero le explico algunos secretos para mejorar las recetas de los enfermos, y una serie de situaciones del lugar mismo para ahorrar tiempo y la incorporación de la nueva joven ayudante fuera tan buena como la de Elizabeth. Pero para su sorpresa, la joven le dijo enfáticamente que una chica muy atenta y cordial le había puesto al día de todo y estuvo con ella conversando largo rato en la sala de descanso de las mujeres, donde se cambiaban ropa. La contestación causo la curiosidad del cocinero pues mencionó detalles que sólo los había comentado con la fallecida Elizabeth.

La curiosidad le hizo pedir que le indicara cual compañera había comentado estos detalles con ella en forma tan expedita y amable. Le acompaño por todo el hospital y no encontraron a esa otra chica. Al llegar a la sala de descanso ayudante le mostró la banca donde había conversado con la chica amable y abrieron algunos looker donde guardaban la ropa de las trabajadoras, entre estos él casillero que había ocupado Elisabeth, el cual tenía dentro pegada una fotografía de la fallecida con unas dedicatorias de sus compañeras. El rostro de la ayudante se puso pálido y expreso
titubeante que la chica con quien había compartido aquella conversación era la chica de la foto del casillero de la fallecida. Ambos salieron realmente asombrados, inquietos y no contaron nada a nadie. Por solicitud de quien escribe le solicite una foto de la foto del casillero de la joven fallecida, la cual presentamos. No es clara pues mi confidente no domina el teléfono celular, pero queda esta confidencia registrada, y nos hace una vez más reflexionar en la existencia que hay entre la vida y la muerte que no entendemos.
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Raúl Núñez
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