Delegación fundada el 3 de Abril de 2003

.
Historia IIEE
Fundamentos IIEE Chile
Contacto
.
 
 
 
.
.
ARCHIVOS POLICIALES
.
LOS TRES DELINCUENTES QUE SE FUGARON DE ALCATRAZ

UN MISTERIO QUE SIGUE SIN RESOLVERSE TRAS 57 AÑOS
.
Alcatraz fue un complejo penitenciario de alta seguridad que funcionó entre 1934 y 1963 en un islote, que lleva el mismo nombre. Diversas historias se han creado en torno al carácter de inexpugnable para sus reos, no obstante, hasta hoy se cree que tres de ellos lograron escapar del lugar, hace ya 57 años.
.
.
Para el gobierno de Estados Unidos, Alcatraz era un lugar hasta el cual llegaban condenados por crímenes de terrorismo, violadores, narcotraficantes y líderes de mafias en su territorio.

No fue este el caso de Frank Morris, John Anglin y Clarence Anglin, quienes llegaron allí por robos a mano armada, posesión de drogas (Morris) y robar una serie de bancos (en el caso de los hermanos Anglin).

Los tres empezaron un peregrinar por varias cárceles de Estados Unidos desde la adolescencia. Si bien mostraban un buen comportamiento en los recintos penitenciarios, les era muy sencillo escapar.
.
.
También coincidieron en Alcatraz en 1960, donde compartieron una celda en el sector B (internos menos peligrosos) junto a Allen West. Desde ese entonces, los tres comenzaron a idear un plan que les permitiera salir de allí despistando a los guardias de seguridad.

Esto partió luego que Morris vio que la rejilla que daba ventilación a la celda estaba con los tornillos sueltos, por lo que no se apretaba firme contra la pared, situación que facilitaba aún más sus planes.
.
Frank Morris
Los dos hermanos John y Clarence Anglin
.
Fue así como los cuatro comenzaron a crear un túnel a través del ducto de ventilación, el cual los pudiese conectar con alguna de las salidas hacia el exterior. Los utensilios que tenían a mano eran cucharas y tenedores que robaron desde la cocina.

Con ellos fueron removiendo trozos de cemento y tierra hasta construir un túnel lo suficientemente grande que les permitiera conectarse con el conducto por el que se proveía de ventilación a los internos.

De acuerdo a un reportaje de la BBC, el agujero que construyeron en la celda era muy pequeño, por lo que los cuatro debían procurar tener un estado físico óptimo para caber en el lugar. Por otro lado, el túnel de conexión era prácticamente de la mitad de su tamaño, lo que facilitaba las cosas.

Para ocultar su obra, los cuatro utilizaban posters y retratos personales. Al parecer, ningún gendarme tuvo sospechas respecto al plan de escape, por lo que nunca tuvieron atención personal de algún guardia.

De acuerdo a los archivos del FBI estadounidense, la creación del túnel de salida tardó aproximadamente un mes, tiempo en el cual también confeccionaron una balsa por medio de residuos de impermeables.

La idea era unir estas piezas por medio de tejidos, hasta que quedaran bien conexas y se pudieran inflar. Hasta el día de hoy, no se sabe si esta parte del plan funcionó.

Otra etapa consistió en crear réplicas de sus caras mediante papel maché, las cuales adornaron con pelo que ellos mismos se habían sacado en las últimas semanas. La idea era despistar por completo a los guardias durante la noche.

La fuga se inició durante la noche del 11 de junio de 1962. Lo primero fue dejar en las almohadas de las camas las cabezas falsas, para hacer creer al resto que en realidad estaban durmiendo.

Luego inició la fase de ingresar en el pequeño agujero de la celda hasta el túnel que habían construido. En esta parte desertó Allen West, quien habría entrado en pánico antes de ejecutar el procedimiento.

No obstante, Morris y los hermanos Anglin estaban determinados a que el plan funcionara a plenitud, por lo que pasaron por el hoyo, caminaron por el túnel hasta el ducto principal de ventilación y salieron del penal por el agujero donde entraba el aire.

De acuerdo a un reportaje del medio español “El Mundo”, todo era perfecto pero faltaba la parte clave, cruzar desde la isla hasta la ciudad más cercana: San Francisco.

Desde ese momento la historia de esta fuga se volvió confusa y llena de vacío. La razón es que el FBI, luego de una búsqueda de años por todo Estados Unidos, nunca dio con el paradero final de los tres malhechores
.
Es por ello que el organismo gubernamental cerró la investigación en 1964. En ese momento se dictaminó que los tres habían muerto en el mar, tratando de cruzar hacia el estado de California.

Sin embargo, esta afirmación contrasta con las averiguaciones que por años realizó el oficial de policía Michael Dyke, quien hasta el día de hoy ha investigado la desaparición de los tres sujetos.

Según las investigaciones que ha llevado a cabo Dyke en los últimos diez años, de la larga lista de fallecidos que han existido en el golfo de San Francisco en el último ciclo, se han logrado recuperar 2/3 de los cuerpos, muchos de ellos incluso quedaron flotando en el agua.
El túnel que usaron para escapar | Archivo FBI
.
.
Bajo esta lógica, el detective estima que si los tres maleantes murieron en el lugar, al menos dos cuerpos debieron haberse recuperado el 12 de junio de 1962, situación que nunca ocurrió.

Hasta el día de hoy las únicas pistas que recabó el FBI se obtuvieron luego de interrogar a Allen West, el único que quedó en la celda aquella noche. Desde ahí supieron cual había sido el túnel que ocupó el grupo para escapar y cómo habían logrado burlar a los guardias.

Yo me escapé de Alcatraz

El caso se archivó como uno de los enigmas policiales estadounidenses, hasta que en 2013 la policía de San Francisco reportó haber recibido una carta firmada por una persona que decía llamarse John Anglin (uno de los fugitivos). En ella se expresaba que los tres habían logrado la hazaña.

De inmediato el FBI reabrió la investigación por las tres desapariciones, aunque no dieron a conocer el contenido de la carta hasta 2018, cuando fue publicada en varios medios internacionales.
.
Carta de John Anglin | Archivo FBI

“Mi nombre es John Anglin. Escapé de Alcatraz en junio de 1962 con mi hermano Clarence y Frank Morris. Tengo 83 años y estoy enfermo. Tengo cáncer. Sí, lo logramos todos, ¡pero a duras penas!” , comenzó el relato.

En la segunda parte del escrito del supuesto Anglin, el hombre indica que Morris había fallecido en 2008 a causa de “una enfermedad mortal” y su hermano habría tenido el mismo final en 2011, sin especificar causa.

No obstante, lo que causó mayor sorpresa en ese momento fue que el remitente evidenció deseos de volver a su país, a pesar de saber que iba a ser encarcelado nuevamente, aunque puso algunas condiciones.

“Si anuncian en televisión que no iré a prisión durante más de un año y que recibiré atención médica, les escribiré diciéndoles dónde estoy”, puntualizó
.
Semanas después de la recepción, el FBI ordenó un estudio grafológico de la misiva y comparó las letras expuestas con la de los tres prófugos. Aquel análisis no entregó pruebas concluyentes, por lo que se volvió a archivar el caso.

Hasta hoy, quienes aseguran que Morris y los Anglin lograron escapar establecen que la madre de los hermanos recibió, desde 1962 en adelante, dos ramos de rosas para su cumpleaños, los cuales venían desde un remitente desconocido.

Sin ir más lejos, este caso está declarado como uno de los enigmas policiales estadounidenses sin resolver en siglo XX. Tal ha sido su fama que en 1979 se estrenó una película basada en lo ocurrido, la cual se llamó La fuga de Alcatraz.

Los protagonistas fueron Clint Eastwood como Frank Morris, Fred Ward en el rol de John Anglin y Jack Thibeau como Clarence Anglin.

POR CÉSAR VEGA MARTÍNEZ
Bibiobiochile
.
LAS CONCLUSIONES FINALES DEL FBI
Y
Allen Clayton West, el cuarto de Alcatraz
.
El FBI estaba convencido de que los tres presos fugados no habían sobrevivido. ¿Lograron cruzar la bahía, llegaron a Angel Island y luego cruzaron el estrecho de Raccoon hacia el condado de Marin según lo que habían planeado? ¿O el viento y las olas acabaron con ellos? La investigación del FBI concluyó lo contrario, por las siguientes razones, según reconoce en los informes que ha hecho públicos:

1. Con las fuertes corrientes y el agua helada de la Bahía, las probabilidades estaban claramente en contra de estos hombres.

2. El plan, según el informante en la prisión del FBI, era robar ropa y un automóvil una vez en tierra. Pero nunca se descubrieron robos en la zona como éste a pesar de la naturaleza de alto perfil del caso.

3. Si los fugados recibieron ayuda, el FBI no logró demostrarlo. Era poco probable que las familias tuvieran los medios financieros necesarios para darle cobertura a los fugados.

4. Durante los 17 años en los que estuvo abierto el caso, no surgió evidencia creíble que sugiriera que los hombres estuvieran vivos, ni en los Estados Unidos, ni en el extranjero. Los archivos del FBI están llenos de cartas enviadas desde distintos puntos de Estados Unidos en las que se aseguraba que habían visto a alguno de los fugados, que ahora llevaban una nueva vida. Todas ellas eran callejones sin salida, pistas falsas.

Allen Clayton West.
.
En la tarde del 11 de junio, estaban los cuatro presos listos para la fuga. Sin embargo, Clayton West no pudo retirar la rejilla de ventilación a tiempo y se quedó atrás. Contó que llegó hasta el tejado, pero que iba tarde y que no encontró el material que necesitaba para la fuga. Estaba oscuro, dijo. Como si no lo hubieran ensayado millones de veces sin luz. Los otros tres se metieron en el pasillo, recogieron su equipo, subieron y bajaron por los canales de ventilación y llegaron al techo de la prisión. Luego, bajaron por la salida de humo de la panadería en la parte trasera de la prisión, treparon la valla, se escabulleron a la costa noreste de la isla y lanzaron al mar en una balsa que habían construido en la prisión, junto con unos chalecos salvavidas

Según Allen Clayton West, el grupo había comenzado a trazar planes el diciembre anterior cuando uno de ellos encontró unas viejas hojas de sierra.
.
Usando herramientas rudimentarias, que incluyen un taladro hecho con el motor de una aspiradora rota, los cuatro aflojaron las rejillas de ventilación de la parte posterior de sus celdas, perforando minuciosamente agujeros alrededor de la cubierta para que se pudiera quitar toda la sección de la pared. Una vez terminaron, taparon los agujeros con lo que pudieron: una maleta, un pedazo de cartón, etc.

Detrás de las celdas había un corredor de servicios común, sin vigilancia. Caminaron por este corredor y subieron al techo de su bloque de celdas dentro del edificio, donde establecieron un taller secreto. Allí, turnándose para vigilar a los guardias en la noche anterior al último recuento (habían construido un rudimentario periscopio para estar pendientes de los vigilantes), construyeron lo que necesitaban para escapar. Más de 50 impermeables que robaron o recolectaron se convirtieron en salvavidas improvisados ??y en una balsa de goma de 1,8x4 metros, costuras cuidadosamente cosidas y vulcanizadas con las tuberías de vapor caliente en la prisión (la idea la tomaron, según Clayton West, de una revista de la época). También construyeron paletas de madera y convirtieron un instrumento musical en una herramienta para inflar la balsa.

Al mismo tiempo, estaban buscando una manera de salir del edificio. El techo tenía unos 9 metros de altura, pero con una red de tuberías subieron y finalmente abrieron el ventilador en la parte superior del pozo. Lo mantuvieron en su lugar temporalmente mediante la confección de un falso tornillo de jabón. Allen Clayton West participó en todo ello, pero sabía que no iba a funcionar. Y por eso no se fue. La rejilla no se atascó. Tampoco es que le fueran a esperar si su parte del plan no hubiera funcionado. No hay nobleza entre ladrones.

Tampoco fue fácil quedarse. Las autoridades no fueron amables con él. No confiaban en él. ¿Cómo podía ser que se había quedado? Los presos tampoco confiaban en él. Normal. De ahí lo de la rejilla que no funcionó. Era una coartada tan buena como cualquier otra. Al fin y al cabo, Allen Clayton West era un tipo sin suerte. Y él lo sabía.

Eres un tipo sin suerte, le dijo el enésimo Agente Especial del FBI que se plantó delante de él para interrogarle por enésima vez.

Lo sé, musitó Allen Clayton West. Los agentes especiales del FBI también hablaban y hablaban y hablaban. Estaba sudando. Estaba cansado. Ya había contado todo lo que había que contar. No tenía ni idea de dónde estaban. Hasta les había contado cuál era el plan después. Plan que luego no cumplieron. Porque las aguas les engulleron. Y si sobrevivieron, como Allen Clayton West se había quedado atrás, sabían que cantaría flamenco, les delataría y su huída estaría comprometida. El FBI no es moco de pavo. Los hermanos Anglin y Morris o estaban muertos o eran unos genios o tenían un plan B porque no confiaban en Clayton West. Cree lo que quieras. Pero, recuerda, Allen era un tipo sin suerte. El ladrón de coches sin suerte al que detuvieron 20 veces hasta que acabó en una penitenciaría de Florida, y de ahí a Alcatraz.

Y tuvo la oportunidad de ser un tipo con suerte. No se presentaron nunca cargos nunca contra él por intento de fuga. Y nueve meses después fue transferido a McNeil Island, en Washington, y luego a Atlanta, Georgia. Después de su liberación de la prisión federal, West fue enviado a cumplir penas de prisión en Georgia y Florida. Al final fue puesto en libertad en 1967, pero más tarde fue arrestado en Florida por cargos de hurto, robo e intento de fuga. Ahí estuvo el punto de inflexión. Ahí fue donde demostró que no supo aprovechar su suerte. A esos delitos les siguieron múltiples sentencias, incluida la cadena perpetua. West fue enviado a la prisión estatal de Florida en enero de 1969. De la misma que se había escapado y que había dado con sus huesos en Alcatraz.

El 30 de octubre de 1972 llegó la gota que colmó el vaso. Apuñaló a otro prisionero en una pelea que los diarios de la época tildaron de odio racista. En diciembre de 1978, después de quejarse de fuertes dolores abdominales, West fue enviado al Shands Teaching Hospital, donde murió de peritonitis aguda el 21 de diciembre de 1978, a la edad de 49 años. Allen Clayton West, el tipo sin suerte, el cuarto de Alcatraz.

Fuentes: https://www.esquire.com
.
 
El IIEE de Chile no se responsabiliza ni comparte necesariamente la opinión de todos sus colaboradores en los escritos publicados.
IEE Delegación Chilena © 2003 - 2008. Todos los derechos reservados.